A propósito de la expansión de coronavirus, el Ministerio de Educación decidió suspender las clases en todos los establecimientos educacionales del país desde el 16 al 31 de marzo, este miércoles 25 la suspensión se alargó por dos semanas y se adelantaron las vacaciones de invierno (que ya ha sido cuestionado por diversos analistas), lo que en la práctica significa que no se vuelve a clases hasta el mes de mayo. En este escenario se inicia la “implementación” de las clases a distancia o vía remota, de parte de los docentes de todos los establecimientos escolares, como una forma de mantener el desarrollo curricular del presente año. Es decir, las clases presenciales se trasladan a una suerte de aula virtual, en la cual los docentes -desde sus hogares- impartirán los contenidos y los estudiantes -desde sus hogares- los recibirán a través de guías a desarrollar, tendrán espacio para preguntar al docente, podrán ver algún video recomendado o una cápsula educativa preparada por el docente. 

En el papel suena muy bien y, dado nuestro alto nivel de conectividad, sería esperable que esta forma de educación podría resultar efectiva y hasta más eficiente que las clases presenciales. Además, se cuenta con que los estudiantes manejan a nivel de usuario avanzado los medios digitales y las distintas plataformas en Internet. Según algunos expertos como Marc Prensky se les denomina “nativos digitales”. Demos un vistazo a estas afirmaciones preliminares. 

¿Cómo son las condiciones de infraestructura y las heramientas de los protagonistas para llevar a cabo una medida como la educación a distancia?

Se ha señalado en diversas ocasiones que Internet en Chile es de baja calidad con relación a los países europeos; además que su cobertura es alta en las zonas urbanas pero baja y mala en zonas rurales de nuestro país. Esto es un primer factor que discrimina ¿Cómo lo hacen las familias que no tienen computador en sus casas o que no pueden pagar internet domiciliario o que tienen varios hijos con “clases” al mismo tiempo? Existen colegios cuyos estudiantes no tienen acceso a un computador y menos a Internet ¿Deberán ir a los colegios a buscar las guías en papel? ¿Quién va a revisar si esas guías se están realizando? ¿Cómo se verificará y evaluará el proceso de aprendizaje? En esta misma línea, ¿cómo se evaluarán los objetivos de aprendizaje sin supervisión o acompañamiento? 

Respecto de los nativos digitales, diversos especialistas en educación han declarado que sus estudiantes manejan muy bien el temas de las redes sociales, son capaces de subir fotos, compartir videos, ocupar efectos pero… tienen grandes problemas al momento de trabajar con gráficos, redactar un artículo, generar un video con contenidos relevantes. La brecha aumenta en los sectores vulnerables, rurales y poblaciones marginales, muchas veces con padres y madres que tienen un capital cultural limitado, o que no cuentan con computador, smartphones o libros. En nuestro país la desigualdad se manifiesta en la escuela y, en este sentido, el nativo digital es un mito más que una realidad. 

Y, ¿qué sabemos de los docentes? Hace 50 años se viene criticando el modo de hacer clases, que la escuela es un espacio donde los cambios son lentos o simplemente no se producen. Diversos estudios señalan que aun hoy se realizan clases frontales, con nula participación activa de los estudiantes, donde los docentes deciden todo en el aula. Es decir, un modelo educativo autoritario. 

Hoy, a raíz de estas clases a distancia, la gran queja de padres, madres y estudiantes a través de las redes sociales, es el envío excesivo de guías de parte los profesores como recurso único para enseñar. Por tanto, se traslada la forma de hacer clases del aula presencial al aula virtual, sin entender que son espacios diferentes. Como docentes esta es una gran oportunidad para re-aprender y cambiar la forma de educar. Pero se esta produciendo una situación preocupante, para poder cumplir metas las direcciones presionan a los jefes de UTP, ellos a su vez presionan a los profesores a cumplir y estos deben presionar a los estudiantes (de seguro sobre los directores existe otra presión). Pero el proceso educativo se concibe como el proceso propio de una fabrica y no de una escuela para crear seres pensantes y críticos. 

Respecto del espacio de aprendizaje, suena cómodo hacer clases desde la casa o tener clases en la casa. Sin embargo, pensando en un gremio integrado en su mayor parte por mujeres, con hijos y que asumen también las tareas de la casa; la propuesta aparece tensionando, aun más, la doble o triple jornada que las mujeres realizan en la sociedad. Lo “ideal” es que en la casa tuviera un espacio, con escritorio, computador e Internet de banda ancha, pero la realidad nos dice lo contrario, las y los docentes ven, en algunos casos imposible, cumplir generándoseles problemas en el hogar y en el trabajo. Súmenle, los horarios de atención a toda hora por consultas, quejas y demás de apoderados y estudiantes por whatsapp, quienes urgen respuestas inmediatas. Para los estudiantes la situación no es mejor, con lugares compartidos, con Internet en algunos caso de mala calidad (si es que) y con un computador para varios hermanos. 

Lo anterior, a grosso modo, permite concluir que la implementación ha sido en la emergencia ante una situación nueva para la cual no estábamos preparados. Esta situación no tiene un horizonte claro de término por tanto es necesario estar abierto a sugerencias para mejorar por el bien de nuestros estudiantes. Creemos que estas semanas han sido una época de prueba, de laboratorio, para lo que se nos viene. Creemos que hoy más que nunca es necesario escuchar la voz de los expertos, que son quienes están en el aula, hoy en día virtual, implementando las directrices que desde el Ministerio de Educación se han impuesto, asimismo sería importante no dar por sentado la capacidad de los nativos digitales, pues si bien se manejan con las rrss, es importante entender que para educación se utilizan otras herramientas.