Después del 18 de octubre, diversas personas del mundo político, académico y ciudadanos comunes y corrientes, se han aventurado a explicar qué sucedió en Chile antes de esa fecha que explicara el estallido social, porque ¿cómo había llegado a tanto el descontento social en democracia y en un país que parecía un oasis? Y es que gran parte de los países en Latinoamérica estaban a la baja económica mientras Chile crecía en cifras y estadísticas monetarias. Entonces, ¿cómo es que los políticos y el gobierno fueron incapaces de anticipar este fenómeno? Y la frase se repetía una y otra vez: “No son 30 pesos, son 30 años”.

Oscar Contardo nos relata de manera amena todo lo sucedido en estos 30 años de democracia, de los contextos que permitieron o no solucionar ciertas problemáticas, de la paciencia, el hastío, hasta la rabia acumulada. Son 184 páginas que se leen con avidez, y es que este libro nos atrapó de principio a fin y nos sirvió para ir reconstruyendo el pasado reciente y comprender que la rabia era un estado inevitable. Parte desde la comprensión, de la clásica frase de Patricio Aylwin: “En la medida de lo posible”. Lo cual se comprende en el contexto de un país que recién está saliendo de la dictadura y donde estaba la sombra de una posibilidad de regreso del  régimen.

“Antes de que fuera octubre” da cuenta con hechos cómo se fue construyendo una situación que no dio pequeñas señales, sino contundentes llamados de la ciudadanía, en especial en los últimos 15 años, pero antes también, incluso con los temores de volver a una dictadura. El autor concatena hechos y prácticamente todos los políticos salen mal parados, porque forman parte de una cofradía, son ellos frente a los “otros”, a todo el resto que somos “la gallada”, y el país que reluce en los indicadores es el Chile de ellos. Es significativo entonces que, como en el primer gobierno de Sebastián Piñera, se repitiera el discurso de entrega y sacrificio de quienes asumían cargo, porque podrían estar ganando mucho más dinero en el sector privado, pero como expertos que podían hacer avanzar el país, se responsabilizaban en un acto de entrega asumiendo cargos políticos.

Pero también hay situaciones base en Chile, como que por ejemplo nunca se rompió el esquema colonial (y no es el único autor que lo ha hecho notar). Los otros somos llamados de ciertas maneras, ellos siempre nos miran hacia abajo, pero dentro de la “gallada” cada uno busca distinguirse del otro para tener una posición de mayor relevancia. 

Ellos viven en una realidad diferente, por eso son incapaces de pensar en la situación en que vive la gallada, por eso no pueden ver o simplemente no entienden que una persona pueda vivir con $50.000. De lo anterior se desprenden frases como las de levantarse más temprano o comprar flores porque están más económicas, éstas tienen sentido dentro de su realidad, pero no tienen relación con la vida que toca enfrentar a la mayoría de los chilenos: “Lo que aparecía ante la opinión pública era un discurso no solamente distinto a su propia experiencia diaria, sino totalmente contrario a ella.” (p.176) y frente a ello la rabia del que tiene que vivir con más días del mes que sueldo, del que se las tiene que ingeniar, o del que es detenido por vender CDs piratas y muere a causa de ello, frente a las irrisorias clases de ética de los graves delitos cometidos por los sectores más acomodados del país. Ellos no se cuestionan, porque cuestionarse es preguntarse si es que no son tan capaces o talentosos y están allí solo por haber nacido en el lugar correcto, es entender que esto no es aprovechar oportunidades ni tener más capacidad, sino que simplemente nacieron con esos privilegios y si admiten esto se acaba la meritocracia de la que se jactan.

“Antes de que fuera octubre” es un libro para devorar, pero también para releer. En Chile hay muchas cosas que se tildaban de mal gusto, palabras que hasta hace poco se usaron negativamente, y es ese silencio obligado, el no poder hablar abiertamente de las diferencias sociales, lo que fue construyendo un monstruo en el sótano, lleno de gritos que eran aislados y acallados hasta que un día explotaron.

Más que lectura recomendada es una lectura obligatoria, porque es un resumen sustancioso, lleno de hechos fáciles de leer porque es nuestra realidad cercana, porque decimos “verdad que pasó esto y me dio rabia”: verdad que murió un hombre que llevaron preso por vender CDs piratas; verdad que no se aprobaron leyes porque el conservadurismo católico tuvo demasiado poder, verdad que la colusión de los pollos, del confort y de las farmacias no tuvieron castigo; verdad que Piñera no pidió ni perdón por llevar a su hijo a obtener información privilegiada a China con dinero de todos los chilenos; verdad que un ministro fue a un un congreso en Harvard con dinero de todos los chilenos sin ostentar cargo, respondiendo a una invitación personal y en vez de pedir disculpas dijo que había que agradecer el honor de que él estuviera invitado; verdad que las pensiones miserables y el abandono de la educación pública. Y entendemos porque es nuestra historia de dolor, de indiferencia, de exclusión y de injusticias. A ese monstruo, que creció en el silencio porque nos obligaron, hay que ponerle nombre, merece un nombre porque solo nombrándolo podemos empezar a solucionar las injusticias sociales y sanar.