“La Condición Humana” es una de las obras más conocidas de la pensadora  del siglo XX: Hannah Arendt, que a menudo es estudiada en el área de la filosofía política o de las ciencias políticas.

Cuando vimos el catálogo nos pareció necesario releer “La condición humana” a la luz de los acontecimientos actuales. En un país donde “los políticos” han perdido toda la credibilidad y una pandemia sanitaria que nos obliga a cuestionarnos qué somos y qué queremos como sociedad, la filosofía debería volver a estar al centro de la cuestión.

En esta obra, Arendt va recorriendo desde la historia la situación de los seres humanos en la esfera pública y privada desde los griegos (referentes obligados del pensamiento occidental) hasta la época moderna. ¿Porqué esto puede ser tan importante? Básicamente porque la forma en la que nos movemos en sociedad está regida por estas esferas y su comprensión (o la falta de ellas) ha tenido impacto en cómo se han seguido interpretando, en especial en lo relativo a la vida pública, donde está el campo del servicio público y los cargos políticos… ¿va teniendo sentido por qué es importante?

Lo primero que queremos aclarar es que no hay un sistema perfecto y que todo responde a su época, pero vamos a intentar “hincar el diente” conceptualmente para poder poner la discusión en el presente. De modo que, cuando nos digan que esta es la única forma en que funcionan las cosas, tengamos argumentos para decir que esta es la forma en que ahora son las cosas, pero que pueden cambiar.

Siempre se ha hablado de la perfección de la invención de los griegos: la democracia. Básicamente, en la época de esplendor había ciudadanos, un grupo de hombres que debía cumplir ciertas condiciones, que participaban de la política o de la intervención en la polis ¿se acuerdan que se juntaban en el ágora donde cada uno podía hacerse escuchar? Lo interesante son las condiciones: la primera era que debían tener una propiedad y es aquí donde Arendt nos demuestra cómo la mala interpretación de los griegos se prestó para malos entendidos en el futuro. La propiedad en los griegos está vinculada a una propiedad física: a la tierra. La familia está arraigada a una propiedad -sea pobre o rica- eso no tiene que ver con la riqueza sino con la posesión de la tierra. Para tener derecho a ser ciudadano es porque estás atado de cierta manera al espacio físico. Si eres esclavo puedes eventualmente reunir muchas riquezas y ser rico, pero nunca vas a ser un ciudadano griego. Misma cosa si eres un extranjero millonario, no importa cuánta riqueza tengas, siempre vas a ser un extranjero. La riqueza y la propiedad no son sinónimos. 

Ahora bien, si querías dedicarte libremente a la política era necesario que pudieras costearte la vida; por eso se dice que es importante tener como mantenerse, pero la riqueza en sí misma no era un ideal griego y, como indicamos, los esclavos podían hacerse ricos, pero eso no les daba el derecho a ser ciudadanos. Tampoco la riqueza es acumulación, sino que lo que importa es que no necesites trabajar para poder dedicarte al servicio de la polis.

La concepción de la idea de lo público es distinta a la actual: es el lugar donde puedes ser tú mismo porque estás con tus pares. La esfera privada es la que responde a las necesidades biológicas de cuidado, reproducción, alimentación, entre otras. Pero con el pasar de los años hay un trastoque y se confunde lo público y lo privado, con lo social y la propiedad con la riqueza. La gente deja de sentir que es ella misma en el espacio público y se centra en la individualidad del sujeto: el ideal deja de ser estar al servicio de la ciudad. El interés no es ser el mejor para dedicarse a lo público sino como, a través de la riqueza económica y las conexiones sociales, te haces espacio en lo público para legislar a tu favor… Entonces, lo público y lo privado se empiezan a disolver y a destruir, sobre todo lo social, ese espacio de encuentro no vinculado a la interés de la ciudad, sino que es un espacio “privado” donde se busca tomar decisiones “públicas” (las comillas son porque como vimos estas nociones están trastocadas), la legislación se construye entonces en favor de las personas más que para el bien de la sociedad.

¿Qué te parece esto? Lo que les comentamos no es más que una pincelada muy breve de “La Condición Humana” porque hay muchísimo mas y podrías quedarte pegado un buen tiempo poniendo distintos argumentos sobre la mesa. 

Hannah Arendt nos llena de palabras lúcidas para pensarlas y masticarlas, pero sobretodo para ponerla en común con otros, para cuestionarlas y cuestionar ¿Qué nos hace tener que aceptar que la riqueza este emparentada con la política? ¿Por qué creemos que esto siempre fue así? ¿Por qué creemos que el orden tiene que ser así? ¿Cuándo le entregamos el poder a la riqueza sobre cualquier otro valor? ¿Cuándo le entregamos nuestra felicidad -como fin- a trabajar para la riqueza? ¿Cuándo dejó de ser importante el bien común?

Y es que cuando tenemos jóvenes sedientos de ciudadanía, cuando hay curiosidad por la preocupación de la polis y por todos los integrantes que vivimos en ella, cuando hay un desafío al status quo; entonces es el momento de poner en el centro la filosofía, pero no la que está llena de palabras complicadas (esa es una de las gracias de Arendt, aún siendo discípula del críptico Heidegger), pero entendiéndola como la necesidad de hacerse preguntas. Y quizás el espacio sólo de la clase de filosofía nos quedó corta, hay que dejar que los jóvenes -mentorados por sus profesores- se dejen sorprender y cuestionar; porque entender lo que nos pasa es hacer las preguntas correctas para poder avanzar hacia una sociedad más justa.