“Ninguno pensaba que su enfermedad tenía una relación directa con ellos. Y lo repito: la enfermedad tiene todo que ver con nosotros. Con usted. Conmigo. Somos responsables de ella y, lo mejor, al darnos cuenta, podemos curarla.” (p.22).

Es común escuchar “tengo estrés”, “qué estresante está situación” o “me estresa esta persona”, entre muchas otras expresiones, pero el estrés es de esas palabras de las que no tenemos certeza de qué significa, cómo funciona o cómo solucionarlo.

El doctor Carlos Jaramillo expone, a partir de su propia experiencia y de sus años de investigación, la importancia de escuchar la voz de la mente y del cuerpo. Repetirá constantemente la frase de Jung: “La enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza por cuidarte”. Entonces la invitación es a detenerse y mirarse, lo cual es un lujo en una sociedad que nos impone estar siempre en movimiento, pero aquí es importante analizar si no paramos porque realmente no podemos o porque respondemos a una sociedad que nos exige ir más rápido porque el tiempo es oro, entonces tengo que producir mucho o viajar mucho o salir a muchas fiestas o estar constantemente haciendo cosas, eso incluye estar mucho en redes sociales. 

Este texto no va de definiciones, aunque sí las hay (hay partes explicadas con esquemas para facilitar la comprensión); es más bien como un camino hacia porqué deberíamos ser introspectivos y entender lo que nuestro cuerpo nos quiere decir, de manera que podamos elegir el mejor modo de vida que se ajuste a nuestras necesidades. 

Carlos Jaramillo nos cuenta cómo sufrió una crisis médica grave y entendió que esa enfermedad fue causada por él mismo. Sí, suena bastante hippie y sí, el autor lo admite. Lo cierto es que el primer llamado, como se indicó anteriormente, es a detenerse. La falta de tiempo es un “debe ser” en el modo de vida actual, pero parar es una obligación cuando es la propia vida la que está en juego y ese es el primer llamado de atención. El segundo tiene que ver con observar, porque el cuerpo es sabio y nos manda señales cuando necesita ser atendido. Ignorarlo es el camino a que el cuerpo tome decisiones más drásticas. Algunas, incluso, pueden ser irreversibles.

Pero así como el cuerpo se enferma, el cuerpo se puede curar, obviamente no ante cualquier situación, sino referido a las situaciones de estrés, porque estamos en una sociedad (y Chile particularmente lo ha demostrado) en que somos amigos de las pastillas mágicas que nos ponen de nuevo en el mercado. El autor indica que esas pastillas no pueden ser recetadas a largo plazo y que nuestro cuerpo es capaz de producir esos químicos si le damos la oportunidad de hacerlo, pero para eso tenemos que estar atentos y ver qué vida necesitamos, entendiendo el cuerpo y la mente como una totalidad. Por ejemplo dice que no recomienda la cafeína a quienes tienen problemas de sueño, al contrario, él la suele suprimir en sus pacientes con este problema. Asimismo, evitar las pantallas en la noche, pero también de la importancia de meditar (como una forma de introspección), de tomar sol (basta con unos minutos, pero con lo mayor cantidad de piel expuesta) y una alimentación saludable alejada de las grasas y el azúcar.

Esto no es un asunto de magia y muchas veces nos sentiremos agobiados, pero lo cierto es que el autor explica que conocerse es la mejor manera de enfrentar las situaciones complejas la vida, porque ante una situación una persona puede gatillar un cuadro por culpa del estrés y ante la misma situación a otra persona no le pase nada. Cuando nos enfermamos tenemos que mirar qué es lo que nuestro cuerpo nos quiere decir, entender que es lo que está sanando.

“El milagro antiestrés” tiene que ver con la increíble capacidad del cuerpo para sanarse y de la responsabilidad que tenemos sobre nuestra propia salud, porque no es sólo estar saludable, sino conocerse más a nosotros mismos para alcanzar un mayor bienestar en nuestras vidas. Es un libro escrito con mucha sencillez que nos hace cuestionarnos y sin darnos recetas mágicas, nos da una serie de sugerencias para aprender a escucharnos mejor y seguir aprendiendo.