Los tiempos que estamos viviendo son complejos y, aparentemente, lo seguirán siendo. Cada vez más sabemos de personas contagiadas o afectadas de otra forma: desempleo, soledad, cambios bruscos de vida, entre otras. Los niños y niñas no están ajenos a esto, lo sienten en sus familias y afecta sus capacidades cognitivas y la expresión de sus emociones. 

En este sentido, como docentes o adultos que compartimos con niños podemos ser factores de tranquilidad en medio de la incertidumbre. Para eso es preciso que nosotros y nosotras nos cuidemos. 

Les compartimos sencillas experiencias que pueden realizar individualmente o en sus familias que les ayuden a crear una “capa protectora”. Éstas pueden ser aplicadas en niño, pero como hemos mencionado es importante cuidarnos nosotros mismos para ser un factor de cuidado para niños, niñas y adolescentes. Hemos tomado como fuente en esta oportunidad “El Cerebro de Buda” de los doctores Rick Hanson y Richard Mendius (2009)

Apaga las hogueras: Equilibra tu ritmo cardiaco

1. Respira de modo que tu inhalación y tu exhalación tengan la misma duración; por ejemplo cuenta uno, dos, tres, cuatro mentalmente mientras inhalas y uno, dos, tres, cuatro cuando exhalas. 

2. Al mismo tiempo, imagina o siente que estás respirando a través de la zona de tu corazón. 

3. Mientras respiras acompasadamente a través de tu corazón, trae a tu mente una emoción agradable como gratitud, amabilidad o amor, puede que pensando en un tiempo feliz, estar con tus hijos, la apreciación de las cosas buenas de tu vida o una mascota. También puedes imaginar que este sentimiento se mueve por tu corazón como una parte de la respiración.

Inténtalo un minuto o más: probablemente te sorprendas mucho con los resultados. 

Apaga las hogueras 2: relájate

La relajación nos ayuda en no solo en situaciones concretas de estrés, sino también entrenando tu cuerpo para que se relaje automáticamente; los métodos que siguen pueden usarse en cualquiera de los dos casos. 

Vamos por los cuatro de S.O.S: 

  1. Relaja la lengua (que se hinche), ojos (¡se puede!) y músculos de la mandíbula. 
  2. Siente la tensión de tu cuerpo y piensa que lo abandona y se desliza hasta el suelo. 
  3. Haz correr agua caliente sobre tus manos. 
  4. Explora tu cuerpo en busca de zonas tensas y relájalas.

 Cualquiera de estos nos puede ayudar en relajaciones rápidas. 

Apaga las hogueras 3: respiración diafragmática 

La respiración diafragmática, lleva un minuto o dos. El diafragma es un músculo que cruza tu vientre de lado a lado por debajo de los pulmones y que te ayuda a respirar; hacerlo funcionar es muy efectivo para reducir la ansiedad. 

Coloca tu mano sobre el estómago unos cinco centímetros bajo las costillas. Mira tu mano respirando normalmente, probablemente la verás moverse un poco. 

Deja la mano ahí y respira de modo que suba y baje (o salga y entre en sentido perpendicular a tu pecho). Intenta respirar a fondo de verdad, de modo que la mano tenga que desplazarse un par de centímetros o más con cada respiración. 

Puede que necesites practicar, pero lo conseguirás. Cuando lo hayas dominado, inténtalo sin la mano, para que puedas emplearlo en lugares públicos. 

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