La mirada de apoderados, padres, autoridades, profesores y otros actores de la educación son diversas respecto al regreso a las aulas, pero las cifras son rotundas. Según la encuesta Cadem solo un 5% de los encuestados está de acuerdo con un regreso a clases presenciales.

A mediados de marzo del año 2020 comienza un proceso de cierre de las escuelas y colegios de Chile ante el avance de la Pandemia del coronavirus y todas las comunidades escolares pasan a una forma educativa a distancia y online preferentemente. El espacio físico deja paso al espacio virtual desde el cual se va a desarrollar el proceso de aprendizaje en adelante. La emergencia provocó que ningún sector cuestionara esta medida de suspensión indefinida y durante los próximos meses la población de nuestro país permanecería confinada. Hoy ya cumplimos cerca de cinco meses en esta modalidad de trabajo educativo y, paulatinamente, se ha instalado el tema de la vuelta a clases presenciales. Ya desde Julio aparecieron ciertas opiniones y hoy es un tema que se debate abiertamente a través de los medios de comunicación en donde han dado su opinión, alcaldes, padres y apoderados, docentes y el Ministerio de Educación. Quisimos hacer una revisión sinóptica de esas posturas frente al tema y son las siguientes: 

El 22 de julio de este año los alcaldes de Santiago y Molina señalaron que no volverán a clases presenciales durante el año 2020. El primero expresaba que no estaban preparados y el segundo que no se justifica. En la Municipalidad de Independencia la postura era diferente y no se cerraban a la apertura de los colegios pero se anticipaba que tomar una decisión tan importante se haría sobre la base de procesos de consulta participativos con la comunidad escolar, antes de tomar una decisión definitiva. En este sentido se puede concluir que no hay una forma de pensar única al respecto y se advierten posturas diversas en un tema del que se sabe poco con relación al Coronavirus y que despierta temores fundados sobre el alto riesgo al que se verán sometidos los profesores, estudiantes, asistentes de la educación y personal administrativo en el quehacer cotidiano de una escuela en Chile. Entre los apoderados la situación no es distinta  y también se divide entre aquellos que quieren volver a las clases presenciales porque necesitan dejar a sus hijos en la escuela para poder ir a trabajar y aquellos que por ningún motivo consideran pertinente una vuelta a las aulas. 

Por su parte el Colegio de Profesores, un actor gremial y político importante, se ha pronunciado de la siguiente manera “queremos volver a la normalidad, pero esa normalidad no se puede forzar, obviamente las familias sienten mucha inseguridad” (la tercera.cl) en palabras de Mario Aguilar. Durante el mes de agosto, y a partir de una encuesta realizada por esta organización docente, “se reveló que el 97,7 % de los consultados no aprueba el retorno a clases presenciales considerando las actuales condiciones que vive el país por la pandemia.” (24 horas.cl) De acuerdo a lo señalado por su presidente en este sondeo participaron 69.735 personas de 322 comunas de Chile entre docentes, apoderados, estudiantes y trabajadores de la educación. A finales del mismo mes, el lunes 24, Cadem presentó una encuesta donde se constata que sólo un 5% de los encuestados apoya la vuelta a las clases presenciales durante el segundo semestre. 

Finalmente, el Ministerio de Educación se ha empeñado en una campaña para promover el regreso a las clases presenciales, así desde la cartera se ha asegurado que “miles de profesores y apoderados también apoyan el retorno a clases” (Bíobío Chile) y de esta manera durante el mes de agosto el Ministro Figueroa “se presentó ante la comisión de Educación del Senado para explicar el plan paso a paso para preparar el desconfinamiento y con el que se pretende volver a clases. Aseguró que el retorno a clases será de manera segura, gradual y voluntaria y comenzará en la fase cuatro del plan” (DiarioUChile.cl)

A partir de este cuadro general de opiniones se pueden sintetizar algunos aspectos importantes. Sin lugar a dudas la pandemia persiste en forma sostenida, los contagios se mantienen en un rango de 1500 a 2000 contagiados diarios según datos oficiales del Ministerio de Salud y con el desconfinamiento acelerado que ha establecido el gobierno, los especialistas afirman el retorno de un escenario poco auspicioso con un aumento importante del contagio. A nivel internacional las experiencias han demostrado que inevitablemente se producirán procesos virales en los colegios y recintos educativos. El 31 de agosto se señalaba que en Estados Unidos, como resultado del regreso a clases en una universidad, se habían producido más de mil contagios después de dos semanas de clases. Por tanto se entiende la reticencia mayoritaria de los apoderados y padres por enviar a su hijos a la escuela y a la presencialidad, el riesgo es real y objetivo.

Otra arista que no se ha tomado en cuenta es que cuando volvamos a clases nos encontraremos con desafíos complejos como, por ejemplo, una infraestructura incapaz de contener a los 45 alumnos que estaban alojados en salas de clases ante de la pandemia, medios materiales insuficientes en la escuelas que forman parte de la educación de los sectores menos favorecidos de nuestro país. Con preguntas de ¿Cómo se transportarán los millones de estudiantes a sus colegios?, ¿qué sucede con los colegios que no cuentan con espacios suficientes para la recreación, alimentación y baños?, ¿Cómo regular los espacios de recreo, la entrada y salida del colegio, donde se encuentran profesores, apoderados y estudiantes?, ¿Cómo mantener rutinas como el lavado de manos, dos, tres o las veces que sea necesario, la mascarilla más de una hora, la distancia física en los niños, niñas y jóvenes? Y ¿Cómo trabajamos con la inclusión, los niños TEL y TDA entre otros? Por supuesto, se ha observado en televisión como algunas municipalidades han mostrado orgullosamente sus altas medidas de seguridad, pero mostrar eso sin niños es ideal, pero la vida cotidiana de las escuelas está muy lejos de esos espacios ordenados y limpios que nos quieren vender como la receta contra el coronavirus. Y queda la sensación de una profunda ignorancia de como se desarrolla la vida en las escuelas.

De esta manera y por ahora las clases en modalidad a distancia siguen siendo la mejor opción, aún con las limitaciones develadas como problemas de un porcentaje de importante de estudiantes que no están en condiciones de conectarse a internet porque no cuentan con recursos o la situación geográfica que impide que llegue el internet a sus casas. La baja preparación de un número de profesores en el manejo de plataformas y programas para sostener una educación online pero que se ha ido compensando en el camino a punta de voluntad y vocación. Y porque fue un cambio radical, sobre la marcha pero que el trabajo de los docentes ha enfrentado de manera tal que ha permitido mantener funcionando el sistema educativo sin perder un día de clases lectivas. Por ahora un tema abierto.