Judith Butler es una de las mentes más claras de nuestro tiempo, además de ser una ícono respecto a las discusiones sobre género. En esta ocasión nos presenta sus reflexiones en torno a la no violencia.

La no violencia es un tema complejo porque hay que partir por definir qué es la violencia y para la construcción de este concepto recurre a múltiples autores que han intentado resolver el tema: qué es la violencia, en qué contextos consideramos que la violencia esté justificada (por ejemplo, podríamos pensar en la defensa propia), qué violencia está normada y, por lo tanto, validada (por ejemplo, a través de la legislación de qué es un crimen). 

En la búsqueda por definir la violencia y la no violencia, Judith Butler hará algunas afirmaciones como que la no violencia parte de exigir una igualdad que no existe de facto, pues hay vidas que tienen más valor que otras y aquí es donde incorpora el concepto de duelable, que es la potencialidad de que al morirte, esa muerte sea lamentada, pero no referida de uno a uno, sino respecto de la posición que se ocupa en el mundo, la cual se resume “En realidad, estar en el mundo con una vida duelable es saber que la muerte de uno sería lamentada. Pero también es reconocer que la vida de uno será protegida a causa de su valor” (p. 130-131). Ser duelable es algo que no solo afecta al momento de la muerte, sino de la vida. Mientras pertenezcas a las vidas duelables, habrá más mecanismos para salvaguardar y proteger tu vida; por el contrario, mientras menos duelable, tu vida será mucho más expuesta y, en caso de muerte, habrá distintas justificaciones de la misma, si es que son mencionadas. Ello se puede observar en el caso de las muertes de población afroamericana en Estados Unidos, la autora expone distintos casos, pero nos quedó como ejemplo el emblemático caso de un hombre de espaldas alejándose de un policía y que es acribillado por este sin titubeos; a pesar de que un hombre de espaldas no debería representar peligro, sin embargo, las construcciones culturales lo construyen como una amenaza del “nosotros” (entendiendo ciudadanos americanos blancos); pero el ser menos duelable también puede ser indirecto como en el caso de los países de Europa que no permitieron la entrada de naufragios con inmigrantes, pues en cierta medida no ves directamente a las personas y no indicas: ellos deben morir, pero en este caso, negar la entrada es condenarlos a muerte y el no cuestionarse respecto de esto es porque nos parece que las vidas de los ciudadanos de un país valen más que la de un inmigrante (de nuevo un “nosotros” de cierto país frente a la amenaza -muchas veces imaginada- de un otro).

El libro posee una introducción que puede tornarse una traba lectora, sin embargo, una vez que terminamos la lectura de ésta y continuamos con el capítulo primero, todo comienza a encajar. No es un libro sencillo ni para lectores perezosos, pero sí está bien construido, por lo que si se presta atención es posible seguirle el hilo de pensamiento a esta autora que cita a una multitud de pensadores, pero que también es capaz de explicar sus argumentos para dar paso a los propios. Merece la pena destacar que la autora no busca convencerte, sino que expone y luego abre preguntas para que uno pueda desarrollar su propia línea argumental rica con base en las lecturas de Butler. 

Es un libro que merece ser leído con urgencia en un contexto en el que la agresividad por distintos medios está a la orden del día, en el que cada vez parecemos más ajenos al sufrimiento del otro. En espacios donde hay cada vez más pequeños “nosotros” que se oponen a todos los otros que consideran amenaza. El desafío es enorme, pero es la humanidad lo que está en juego.