¿Has escuchado la palabra Schandenfreude? Quizás no, pero si ves videos de fails y te has reído, la has sentido; es probable que también te haya tocado estar al otro lado del espectro quedando en ridículo frente a algún amigo.

El libro “El placer de la desgracia ajena” es una indagación desarollada por Tifanny Watt Smith sobre el schandenfreude; una palabra sin traducción, pero que habla de algo que sentimos los humanos más de una vez en la vida, aunque hay situaciones en las que difícilmente lo admitamos.

El schadenfreude es, en líneas generales, cuando sentimos placer ante la desgracia ajena y la autora descubrirá que hay muchísimos tipos. Según nos cuenta, una de las motivaciones del libro es descubrir cómo funciona en la sociedad y si tiene alguna finalidad biológica; pero, al mismo tiempo, sirve para levantar discusiones sobre lo que es correcto o no para la sociedad.

Nos cuenta de diversos estudios realizados a sujetos y destacaremos dos: en un estudio se ocupó de hinchas de dos equipos rivales de fútbol y los pusieron a ver escenas de penales: se reportaron mayores niveles de placer cuando el equipo contrario fallaba los tiros que cuando su equipo anotaba un gol. El segundo estudio se realizó con bebés que aún no desarrollan el lenguaje verbal, este caso  fue muy llamativo porque se les ponía en dos situaciones, primero observaban a sus cuidadores caerse y esto les generaba risa; sin embargo, cuando veían a otra persona caer, no reían. 

Sin embargo, hay muchos tipos y estas inesperadas caídas son quizás de lo más inocentes, pero la historia y la vida cotidiana están llenos de ejemplos: se reporta placer ante el fracaso de algún amigo que nos parece perfecto, por ejemplo, dos amigos que se conocieron en una situación económica precaria, mientras uno ascendió económicamente, el otro no y envidia al más afortunado, de pronto, en una situación formal le ocurre una situación bochornosa al amigo exitoso y el menos afortunado sentirá un placer que probablemente no confesará, pero que le ayudará a recordar que su amigo -aunque triunfe- también es humano. Un ejemplo extremo es que cuando se realizaban ejecuciones públicas era un espectáculo al que asistía mucha gente que experimentaba schandenfreude, pues los hacía sentir superiores, ellos tenían las competencias para sobrevivir que la persona en el patíbulo no. Eso sí, hay algunos placeres ante las caídas permitidos, por ejemplo, los de las estrellas, un caso antiguo fue la cobertura al caso Britney Spears o cuando nos hablan de las infidelidad a alguna actriz. Asimismo, si la persona que cae o fracasa es alguien que tiene atributos negativos, vemos esa caída como merecida, es una situación en la que es permitido sentirlo.

Para no extender más esta reseña, aunque podríamos hacerlo porque es un tema interesantísimo, te comentamos que el libro tiene algo de incómodo, leer sobre este tema porque “no sabemos de qué desgracias ajenas está permitido disfrutar”, puede instalar discusiones interesantes. 

Para tu tranquilidad, se ha reportado que al mismo tiempo que se siente schandenfreude también se puede sentir una preocupación auténtica, así que no es que no quieras a tu amigo ¿Recomendamos el libro? Absolutamente, es un tema del que poco se habla, pero que definitivamente tienes que conocer.