Mary Beard es catedrática de Clásicas en Cambridge. Fue de las mujeres precursoras que entraron como estudiante y luego docente a universidades tradicionales inglesas cuando aún no había baños de damas… ¡y sobrevivió!

Estudiar Clásicas es un concepto que en Chile no tenemos: se trata -más o menos- del estudio de culturas y lenguas antiguas. 

Con ese bagaje y con esa experiencia vital, Mary Beard es una escritora amena, a ratos dan ganas de reír y otras de llorar y también es feminista. 

Este libro/manifiesto recoge dos exposiciones revisadas y actualizadas por la autora: “La voz pública de las mujeres” y “Mujeres en el ejercicio del poder”.

En el primer texto, parte recordando a Penélope de La Odisea… y lo hace desde el final del Canto I, cuando Telémaco -un niño chico- le dice a su madre -la reina- “de hablar nos ocuparemos los hombres”. Me reconozco fan de la Odisea y reconozco, también, que nunca me había dado cuenta de esa frase. 

Desde ahí, Mary Beard, aborda como a lo largo de la historia y la literatura se nos ha hecho -textualmente- callar. Pasando por diversos autores y épocas, muestra como se devalúa incluso, nuestro timbre de voz. Como se nos reserva el habla para lo doméstico y se restringe en lo público. Si eso le pasó a la reina ¿qué quedará para el resto de las plebayas? 

La autora explora este silenciamiento hasta nuestros días porque somos herederas (y herederos) de una tradición que nos pesa. Se trata de poner de relieve la distancia entre “tener voz” siendo hombre y siendo mujer. 

El segundo texto sobre las mujeres en el poder. Parte desde la novela Dellas de Charlotte Perkins (1915) sobre un mundo construido por mujeres y que dura… pues… hasta que llegan varones. Sí, puede sonar extremo pero es una historia que va develando la imagen de las mujeres con poder, que poco a poco van “entregando el poder”. 

Es una ficción de 1915, de manera que Mary Beard va hacia atrás en busca de las imágenes que nos han hecho ver como “sin poder”. Devela el castigo para las mujeres empoderadas en los clásicos y las estrategias que hemos desarrollado para poder acceder a las estructuras de poder, muchas veces masculinizando nuestra imagen e, incluso, cambiando la voz.

El libro es muy entretenido. Si bien menciona figuras clásicas va contextualizando y haciéndolas asequibles a todas y todos.. así que no hay excusa para decir “no puedo”. 

La autora, con su calidad y calidez académica nos pone a la mano a los clásicos y nos los hace cercanos, nos da pistas para re-mirarnos. Nos pone en perspectiva porque “no es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura.”