“(Mal) Educadas” de María Florencia Frejio da cuenta de una investigación que nace desde su anterior libro “Solas, aun acompañadas”. En esta ocasión, el objeto de investigación es ver cómo se educa a las mujeres -de manera formal y como imposición social- en la construcción de una identidad que las sobre exige y que apunta a un imposible. 

A la mujer se la mandata a estar siempre sonriente, ser una señorita y una femme fatale (sí, al mismo tiempo aunque sea contradictorio). Cumplir con las labores del hogar, hacerse cargo de los cuidados de los niños y ancianos, rendir en el trabajo, cuidarse para mantenerse joven, estar maquillada y arreglada y satisfacer las necesidades del marido/pareja. Creemos que este tema no es menor si consideramos que la educación está constituida mayoritariamente por mujeres.

Sumemos dentro de la anterior la pandemia: “Fue movilizador ver cómo las pestes en la Edad Media relegaban a las mujeres a espacios de cuidados, y como siglos después en todo el mundo, ante la adversidad, volvemos a ser las mujeres que terminamos confinadas en el encierro, quienes sostenemos la educación formal de los colegios virtuales y la domesticidad” (p. 263).

(Mal) Educadas es un ensayo escrito con un lenguaje y una prosa sencillos, con capítulos breves y con las partes relevantes marcadas en negrita. Se lee con rapidez y fluidez, lo que no disminuye lo doloroso de este ensayo. Freijo cita el artículo “Hacer ciencias: historias de varoneras empecinadas”, donde “se menciona que la revista Science identificó que entre los 5 y los 6 años, las niñas dejan de asociar la inteligencia con su género.” (p. 128), información que nos pareció demoledora y que nos obliga a cuestionarnos cómo podemos cambiar esto. 

En la parte III, en el primer capítulo, la autora se detiene en la educación formal, comentando su experiencia y dando cuenta de que su madre es docente. Pero más allá de los esfuerzos, la escuela reproduce la sociedad y se menciona, por ejemplo, la distribución de las niñas y niños en un patio. Los niños están al centro jugando, moviéndose y apoderándose del espacio público, mientras que las mujeres están en las orillas.

La autora reconoce que ha habido cambios importantes y que los docentes se esfuerzan día a día por mejorar sus prácticas, al mismo tiempo, hay padres luchando por darles a sus hijos una educación distinta, pero cómo luchas contra un sistema donde los juguetes para niñas son relacionados al cuidado y la de los hombres al pensamiento, dónde te bombardean con publicidad para mujeres relacionada a la belleza. 

La educación no es solo formal, sino que está en todos los momentos de la vida, en toda la publicidad que nos bombardea e incluso en la privacidad del hogar. Si desde apenas los 5 a 6 años una niña se da cuenta que “su género” no es el inteligente, entonces es porque estamos fallando y lo que parte de temprana edad, termina con mujeres mandatadas a cumplir con exigencias inhumanas y sentir culpa cuando se falla. Además, de que el sistema es perverso y muchas veces incluye dentro de su mensaje tradicional, algún guiñó al cambio, pero el fondo es el mismo, entonces antes había que maquillarse para gustar al hombre, ahora usas rojo para ser feminista. Antes usabas skincare para mantenerte joven, ahora lo usas para autocuidarte, pero al final sigues atada a tener que usar un montón de productos antes de salir de la casa.

Obviamente en esta reseña nos quedaremos cortos porque son tantos los datos que entrega la autora que este espacio no es suficiente y, a pesar de toda esta información, no es un libro denso, pero si es un título que debería, cuando menos, obligarnos a pensar. Incluso la autora reconoce no estar exenta de los mandatos de género, pero hay que intentarlo, entonces la pregunta es ¿cómo podemos bajar la carga de las mujeres? ¿cómo ayudarnos a sentir que si no podemos cumplir al cien no es que fracasamos? 

Es un libro que les recomendamos transversalmente a la comunidad educativa, un espacio donde se reproduce la sociedad. Creemos que es necesario poder analizarlo y abordarlo entre todos para poder avanzar y así criar a niños y niñas que se convertirán en hombres y mujeres más felices.