“Dibujando el cosmos” es el último libro de José María Maza editado bajo el sello Planeta. Es éste da un paseo sobre el cosmos y para ello se apoya mucho de la mitología griega ¿Por qué? Respecto a lo que tenemos registro escrito, los griegos fueron quienes miraron las estrellas e intentaron descifrar los misterios del cosmos. Ellos solo a través de la vista y la lógica realizaron avances astronómicos increíbles, muchos de los cuales se confirmarían miles de años más tarde (también cometieron grandes errores, hay que decirlo, pero consideremos que ellos no tenían todos los avances tecnológicos con los que contamos hoy).

Ilustración al interior del libro "Dibujando el cosmos" dude José María Maza que retrata a Prometeo robando el fuego.

            Dado que ellos tenían que explicarse la vida con lo que tenían, sus avances están muy relacionados a las historias fundadoras de la vida que se contaban y es que cuando miraban las estrellas y veían constelaciones las asociaban a los cuentos que tenían al respecto. Por eso es que los planetas tienen nombres de sus dioses principales al igual que  las constelaciones. También su manera de explicar la vida en la tierra: “De acuerdo con la mitología griega no fueron los dioses los que crearon el universo: el universo creó a los dioses” (p. 12)

            Como no tenían muchos elementos a mano, salvo la certeza de que éramos seres pensantes y eso nos debía de dar importancia, cuando vieron astros de gran tamaño, llegaron a la conclusión de que esos astros y planetas giraban alrededor de la Tierra, pero hubo algunos hombres más observadores que incluso en esa época plantearon que el Sol era el astro más grande  y que los planetas giraban alrededor de él, ¿increíble no?

La segunda parte, muy relacionada a la primera, es quizás la más árida porque se explica como es que calcularon las distancia del cosmos, recordemos nuevamente que no había ni telescopios, así que estos curiosos del espacio debieron ingeniárselas con lo que tenían y a través de la observación y los cálculos matemáticos obtuvieron resultados, algunos, bastante ajustados a lo que se comprobó muchísimos años más tarde.

            La última parte es acerca de los calendarios, en ella explica como hemos establecido el calendario que nos rige pasando y al respecto muestra como distintas culturas como los mayas abordaron la periodización del tiempo y entre elementos crearon y contaron  los días nefastos, que eran de alguna forma los que sobraban del año (los que nosotros usamos en los años bisiestos, es otro sistema, pero igualmente funcional). Luego nos explicará los sistemas europeos y como la aceptación del calendario gregoriano que usamos hoy, fue aceptado de manera tardía. También revisa la configuración de la semana y de cómo se llegaron a los días actuales.

            En esta obra el autor condensa más de 40 años enseñando sobre el tema y, sin duda, encontrarán más de un dato anecdótico para contar a sus alumnos. Es un libro que puede ser de utilidad tanto para profesores de historia como para profesores de física porque es un tema que podemos trabajar de manera interdisciplinaria. También es recomendable para padres con niños interesados en el tema y para recomendárselo a nuestros alumnos locos por el cosmos que estudian en el ciclo de enseñanza media.