Humberto Maturana falleció a los 92 años, pero legó un aporte al pensamiento, siendo una de las mentes más lúcidas de nuestro país. A modo de homenaje quisimos hacer un artículo referente a sus aportes en educación.

En una entrevista que Maturana dio a la radio Universidad de Chile el año 2014 señalo que “La educación es un espacio para que el niño se transforme en ciudadano ético”, Premio Nacional de Ciencias 1994, creador del centro de pensamiento Matríztica, y un pensador profundo de lo social, también tuvo  una reflexión contundente sobre la educación a partir de su centro de pensamiento e investigación donde se comenzaron a elaborar las ideas centrales sobre la colaboración como viga maestra para un mundo mejor y una sociedad con coexistencia pacífica. 

Su último libro publicado en abril de 2021, “La revolución Reflexiva, una invitación a crear un futuro de colaboración”, vierte todo este proceso de pensamiento educativo enfocándolo en el paradigma colaborativo, en donde manifiesta que la colaboración en la diversidad solo es posible en el contexto de un cambio profundo de la sociedad y teniendo como base la escuela desde donde se debe intencionar este cambio. 

Pero, ¿quiénes son los primeros actores que deben intencionar este cambio social? El año 2019 en una conferencia que dictó a 100 profesores y profesoras señaló que el papel de los docentes en la escuela y el aula está ubicado en el eje colaborativo al decir que “en cualquier contexto un profesor es un educador social” (El Mostrador) y agregó “Los niños se van a transformar con él o con ella según el tipo  de convivencia  que establezcan”. Una vez más percibe que la colaboración no es mágica sino que es fruto de un camino que se construye socialmente, no hay otra forma, pero además requiere de una expresión de voluntad, de dialogar con otros para hacer carne este paradigma colaborativo. 

Para Maturana la colaboración es inherente al ser humano y en su libro señala que “No hay nada en nuestra biología que implique que debamos competir. Al contrario: nuestras sociedades surgieron de la colaboración, pero nos fuimos convenciendo de que teníamos que ser mejores que  los demás en todos los ámbitos posibles, y luego otras teorías políticas y económicas consagraron la idea” (pág.25). Por lo tanto, la competencia no es natural, es un componente impuesto por grupos dominantes para aumentar sus beneficios y riquezas. Y su resultado ha sido un devenir histórico de guerras y destrucción.

En síntesis para Humberto Maturana el hecho educativo se debe resolver en la colaboración, que tiene como principio el respeto por el otro desde sus diferencias y que, en este contexto, el cambio social comienza en la escuela y con los docentes que son los agentes de cambio y formadores de generaciones que vislumbren la colaboración como inevitable y la practiquen activamente. 

Su último libro publicado junto a Ximena Dávila se llama “La Revolución Reflexiva”, puedes leer la reseña aquí.