“Nunca tendremos las de ganar en relación con los instantes de nuestra vida porque no somos más que esos instantes.” (p.204)

En la actualidad parece que vamos por la vida corriendo para ganar tiempo. Llenamos agendas, bullet journal, probamos el método pomodoro o cualquier otro y nos llenamos de actividades porque la vida hay que aprovecharla. Esto se ha incrementado con las redes sociales, porque nuestros amigos parecen hacer muchas actividades sin cansarse y porque hay que subir fotografías de nuevas experiencias. Como si fuera poco, el 2020 comenzó una pandemia que aceleró el proceso y lo intensificó porque inició una manera de medir el tiempo que se contraponía a nuestra habitualidad.

Nos gustaría tener la bandeja de nuestro correo electrónico a cero, ser los mejores en lo que hacemos, realizar malabares para alcanzar a realizar todas las actividades programadas. Ser buenos en todo, tener la casa perfectamente ordenada, hacer ejercicio, meditar, comer sano, cumplir en nuestro trabajo y la lista suma y sigue.

Oliver Burkeman nos da una noticia desoladora: en promedio vivimos cuatro mil semanas y eso si tenemos suerte porque nadie tiene asegurada la vida y cada día que pasa es un día menos. Entonces ¿cómo podemos gestionar el tiempo de mejor manera? El autor se ha dedicado a probar diversos métodos para organizar de manera eficiente el tiempo porque se dedicaba a eso laboralmente y porque es un adicto a la productividad. Así que, como te podrás imaginar probó de todo, pero mientras más rápido respondía los emails, más le llegaban y por más que hacía listas ordenadas de tareas, nunca podía cumplirlas y por eso el libro te dice en las primeras páginas: nunca vas a tener todo bajo control y aunque podría sonar terrible, Bukerman dice, es más bien liberador. 

Y es que es complejo porque vivimos en una época en que ser adicto a la productividad se premia porque es algo deseado por la sociedad. Vivimos en un contexto de distracción, las redes sociales están diseñadas para robar nuestra atención y los eventos significativos están allá donde está tu atención ¿Es necesario tomar fotos de una pintura para postearla, mostrarla a tus parientes o guardarlo en tus archivos en vez de disfrutarla? Pero más allá de eso, el autor se pregunta si hacer demasiado no será una forma de distracción de la vida, de evitar la realidad de que somos seres finitos y que no tenemos control de prácticamente nada.

Aceptar que tenemos un tiempo limitado y que somos incapaces de hacer todo, es aceptar algo que no deja de ser complejo: tenemos que elegir que hacer con nuestras cuatro mil semanas y ese es el primer paso: acepta los límites y aprende a elegir de manera consciente ¿Estás seguro de que quieres pasar tiempo todos los días insistiendo en refrescar Facebook o Instagram para ver las noticias primero? ¿Realmente necesitas hacer todas esas actividades extra? El problema de ser adictos a la productividad es que caemos en lo que él llama la trampa de la eficiencia, el creer que podemos hacer todo y más de lo que podemos hacer, aunque suene descabellado. Darse cuenta de que no nos alcanza el tiempo para hacer todo y que es momento de detenernos nos puede llevar a vivir la vida realmente: “Solo enfrentándonos a nuestra finitud podremos embarcarnos en una relación de verdad auténtica con la vida.” (p. 67).

            No podemos ganarle al tiempo porque somos en el tiempo (parafraseando a Heidegger), somos esos instantes que nos construyen, que nos exigen atención. Entonces si sabemos que tenemos un número limitado de semanas y que no podemos hacer de todo, en ese punto es donde vale la pena elegir. No estamos diciendo que renuncies a tu trabajo, en especial, si es lo que necesitas para vivir, pero ¿qué vas a hacer con tu tiempo fuera de él?

            “Cuatro mil semanas” es un libro que exige afectivamente, te obliga a cuestionarte, en especial sobre como nos distraemos como una forma de evasión de la vida, como una fantasía de que tenemos el control y de que mañana será otro día. Te invita a pensar en como gestionar el tiempo que vives sin la presión de tener que rendir o de tener que ser bueno en todo. Además, nos guía con algunas preguntas que es importante responder honestamente. Creemos que es un libro importante no solo para los profesores sino para trabajar como comunidad educativa, aunque antes de hacerlo te sugerimos leerlo para ver que se alinee con lo que estás enseñando.